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¿Baño diario? Esto es lo que pasa en tu piel

El manto lipídico no es eterno. La barrera que recubre nuestra piel para protegerla de manera natural puede desgastarse o alterarse a consecuencia de duchas indiscriminadas y el empleo de jabones inadecuados. La capa de lípidos (moléculas orgánicas) tiene un pH ligeramente ácido, que se sitúa en torno al 5,5. Este es el número clave que impide el paso a gérmenes, bacterias, virus y ácaros. Por eso es tan importante no alterar su acidez. Así lo señala la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), que tiene su propia lista de enfermedades relacionadas con la sobrehigiene y afirma que nuestra piel solo está preparada para recibir una ducha al día. "De lo contrario, nos exponemos a enfermedades como la dermatitis atópica, infecciones como la pitiriasis o alergias", informan.

El doctor José Carlos Moreno, nos da las recomendaciones oficiales y pone un grado de sensatez en la guerra abierta al agua. “Una ducha diaria no compromete nuestro manto lipídico. El problema no está tanto en el exceso de agua como en el uso del jabón, un producto que termina disolviendo nuestra envoltura natural de defensa”, señala. ¿Están permitidas entonces las duchas refrescantes a discreción en los meses más calurosos? Sí, aunque habría que tener en cuenta factores como el lugar de procedencia del agua que fluye sobre nosotros. “En los lugares costeros, como Málaga, el agua es un potente cóctel de calcio y cal y la piel se reseca mucho”, puntualiza Moreno.

 

Cómo es la ducha perfecta, según la AEDV.

  • Es preferible que el agua esté tibia. A temperaturas más altas, la piel se reseca y puede incluso llegar a cuartearse.
  • En el caso de darse dos o más duchas al día, conviene prescindir del jabón y limitar su uso a una de ellas.
  • El gel de baño debería tener un pH entre 5.5 y 6. Con un nivel superior al 6.5 se puede alterar el manto lipídico de la piel. Los productos que incluyan en su composición extractos de aceites vegetales también son recibidos con satisfacción por la epidermis.
  • No hay que friccionar fuerte sobre la piel. Las esponjas rígidas estarían desaconsejadas. Salvo casos aislados, basta con un leve masaje con la mano o una esponja extra suave para eliminar cualquier rastro de suciedad.
  • Es obligatorio hidratar la piel inmediatamente después de la ducha y cuando estemos completamente secos. El secado es especialmente importante en axilas, pies (entre los dedos) e ingles, para evitar la aparición de infecciones fúngicas.
Fuente
El País
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